Néstor Carrizo, jefe de
la Unidad de Terapia Intensiva, fue el encargado de comunicar el diagnóstico.
"Va a quedar con secuelas neurológicas", afirmó Carrizo, anclando las
expectativas en un realismo médico. La zona afectada es el hemisferio izquierdo
del cerebro, un área que en las personas diestras, como Oliveras, controla no
solo la motricidad del lado derecho del cuerpo, sino también el centro del
lenguaje. La posibilidad de una afectación en la movilidad y en la capacidad de
comprensión y expresión es, hoy, el escenario más probable.
El equipo médico
subraya que el primer y más grave riesgo, el enclavamiento cerebral, fue
superado. Ahora, la atención está puesta en la evolución del edema y en la
respuesta de Oliveras una vez que se le retire la sedación. Bruno Moroni,
director del hospital, confirmó que la paciente se mantiene estable en sus
signos vitales, pero el cuadro es fluctuante y dependiente de la
neuroprotección que le suministran.
Superada la amenaza
inminente de muerte, la pelea de Alejandra Oliveras cambió de naturaleza. Ya no
es por su vida, sino por la calidad de la vida que tendrá después de la lesión.




